OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Azotea desierta, Madrid a nuestros pies – 2008

No tengo apenas fotos en el Círculo; no es esta la foto exactamente la que me lleva al recuerdo concreto, porque no tengo foto de entonces. Pero esta foto es de la época, allá por el 2008 cuando me hice socio del Círculo y me abrió la ventana a otro mundo. Por aquel entonces en la azotea no había nada, estaba desierta. Los socios podíamos subir con el carné, y llevar a un acompañante. En esta foto estoy con mi madre (que en su momento también fue socia, y me lo descubrió). Pero el recuerdo que evoco ahora es de cuando una amiga y yo, después de estudiar en la biblioteca intensamente la carrera, subíamos a repasar a la azotea. Sería por el mes de mayo, hacía buen tiempo y nos sentábamos en el suelo a repasar. La brisa cálida, la soledad, y Madrid a nuestros pies. Desde ahí, comíamos en un restaurante cercano en Chueca e íbamos después directamente a los exámenes. La biblioteca, el Círculo, ha sido mi segunda casa y a veces, durante épocas, la primera: carrera, másteres, idiomas, cursos, y trabajo más recientemente. En la mayoría de los grandes acontecimientos de mi vida hasta ahora, el CBA ha estado presente. Como agente directo (en lo académico y laboral), o indirecto (en el resto). Recuerdo la época de la crisis, los malos momentos para la institución; pero siempre ha resistido, y siempre es un referente. También lugar de visita obligada a la que llevo a invitados de fuera: tiene las vistas más impresionantes de Madrid. Mis recuerdos lejanos me llevan también a los talleres de dibujo de modelo desnudo, mi primer contacto directo con las artes plásticas, que fueron la puerta para desarrollar una de mis grandes pasiones. Recuerdo a los modelos de entonces. Biblioteca, talleres, teatro, exposiciones, azotea… Siguen estando presentes en mi vida. Recientemente hay épocas en las que aparezco menos por allí, otras más, pero siempre vuelvo; es un faro que me devuelve la mirada al norte cuando, a veces, me desoriento, y me hace recuperar mi esencia. Traspaso sus puertas y me siento como en casa; ha sido siempre para mí, y lo es, una suerte de refugio. El tiempo ha pasado, tal vez los espacios hayan cambiado, pero cuando estoy dentro parece que el tiempo se ha detenido, que no ha pasado en realidad. Sin embargo, aquellos recuerdos de mis inicios allí, hace casi 20 años, parece que fueron en otra vida. Pero sigo yendo, y viviendo «otras» vidas en el Círculo; varias vidas que son una misma, un recorrido que empieza a ser largo ya. No tengo apenas fotos del Círculo, ni de antes, ni de ahora. Pero, aunque son bonitos recuerdos, no hacen tanta falta: el Círculo lo vivo, lo siento; lo llevo en la retina y muy dentro de mí.
Ahí queda mi declaración de amor por él.

Comparte en tus redes:

Comparte en Instagram (copiar enlace)